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Manuel Belgrano, los economistas, los picnics y la ropa vieja

De un recuerdo de la historia a una receta que también es parte de una leyenda. De Manuel Belgrano, el economista de la Patria, a los picnics que hacen ahora, justo en el comienzo de la primavera, los economistas del FMI que están de nuevo entre nosotros.

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22/09/2016 | Pablo Mercau

En 1894 Manuel Belgrano se convirtió en funcionario público. Con apenas 24 años, el futuro emblema de la Revolución y la Independencia de nuestro país, asumió el cargo de Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires que fue creado a pedido de comerciantes locales.

Se trataba de un cuerpo colegiado que funcionaba como tribunal comercial y como sociedad de fomento económico. El Consulado dependía directamente de la Corona española y requería anualmente que el Secretario del Consulado propusiera los medios para estimular la agricultura, animar a la industria y proteger el comercio de la región.

Manuel Belgrano se fijó como meta el transformar una región pobre y virgen en una rica y próspera. Por eso el 21 de septiembre, día en que asumió su cargo, se conmemora el Día del Economista.
24 años tenía el joven Belgrano. Edad en la que la mayoría de nosotros ya cargábamos con varios picnics de la primavera en nuestro historial.

Y pese a que los picnics ya existían con ese nombre desde hacía más de un siglo en Francia (mencionado como pique-nique en un poema de 1649), es poco probable que Manuel haya participado en alguno durante su etapa de estudiante en el Real Colegio de San Carlos (antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires).

  • Como también es poco probable que el espíritu de muchos economistas de la actualidad sea equivalente al del creador de la Bandera en eso de, por ejemplo, animar a la industria y proteger el comercio de la región.

Una discusión semántica

Como en tantas otras cuestiones, los ingleses metieron la cuchara y se le plantaron a los franceses con su interpretación del asunto picnic. Y aunque aún se discuta sobre el origen del término, están de acuerdo en su significado. Los franceses dicen que proviene de “piquer“, en el sentido de picotear y “nique“, algo pequeño sin valor. Los ingleses aseguran que deriva de la palabra pic-nic “pick“ coger y “nick“ instante.

Acá si hay mucho de parecido con los economistas de la actualidad. Muchos que nos picotean, aunque lo de pequeño y sin valor adquiere el carácter de proporcionalidad de acuerdo a la vara con que se lo mida. Eso en cuanto a la expresión francesa. De la inglesa, mejor no entrar en detalles.

Pero vayamos a la etimología. De acuerdo al diccionario Littré (en referencia a Émile Maximilien Paul Littré, conocido por su Diccionario de la lengua francesa), un pique-nique “es una comida de placer en la que cada comensal paga o aporta su plato“.

Esta comida suele ser en “déjeneur sur l’herbe”, como dicen los franceses y que puede ser más o menos refinado, rústico o abundante, de acuerdo al bolsillo y a los gustos. Pero más allá de los cambios de hábito en la ingesta de alimentos, siempre se trató de comidas simples y que pudieran ser consumidas de manera sencilla.

Lejos de nuestros días han quedado las típicas canastas y manteles de cuadritos que pueblan las imágenes del recuerdo. ¿Qué comen los chicos en Palermo o en los bosques de Ezeiza, dónde íbamos de pibes para esquivar la lluvia que casi siempre llegaba y para acercarnos a las chicas, que casi siempre se alejaban?

Hoy, componentes de consumismo exagerado y de violencias varias, suelen empañar la foto del 21
de septiembre, referencia ineludible para pensar en los picnics de estos días.

21 de septiembre que a la llegada de la Primavera, le suma la conmemoración del Día del Estudiante, en homenaje a la llegada de los restos de Domingo Faustino Sarmiento en un día como hoy pero de 1888, 10 días después de su fallecimiento en Asunción, la capital de Paraguay.

(Esa extraña manía de atar las efemérides a las muertes de la gente).


El futuro siempre nace del pasado

(…) absurdo suponer que el paraíso
es sólo la igualdad las buenas leyes
el sueño se hace a mano y sin permiso
arando el porvenir con viejos bueyes.
(Llover sobre mojado - Silvio Rodríguez)

En este día, vaya este pequeño homenaje a ese gran argentino, que defendió a la Corona española y no dudó en combatirla luego cuando estaba en juego ser Nación y no Colonia.
A esta altura de la historia a nadie se le ocurriría cuestionarle a Manuel Belgrano haber sido funcionario del Virreinato. En definitiva, la Revolución de Mayo aprovechó la circunstancia de la caída de Fernando VII para conformar una Junta de Gobierno que juró gobernar precisamente en nombre del Rey de España, preso de Napoleón.

En ese tránsito del pasado al futuro anduvo Belgrano. Que no imaginó que un 21 de septiembre, pero 222 años después, una comitiva de economistas de la Nueva Corona (léase FMI), vendría a nuestro país para hacerse un picnic, tal vez sin la canastita ni el mantel a cuadros, pero con una vieja receta que ya conocemos, que nos puede volver a indigestar y sobre todo, a dejar con hambre.

Bonus: la ropa vieja

En esas ocasiones en las que sobra comida y no te gusta recalentarla o comerla fría, se puede apelar a la vieja técnica de la ropa vieja, que bien puede simbolizar el tránsito del que decíamos fue protagonista el amigo Belgrano: el que va del pasado al futuro.

El título de ropa vieja, en la cocina, lo llevan todos los platos que usan alimentos dejados de otras preparaciones. Se suele hacer con restos del asado o del puchero, por ejemplo.

Y hay una historia que la acompaña.

Dicen que un hombre esperaba invitados en su casa. Como era muy pobre no tenía nada para cocinarles, entonces fue a su armario y sacó algunas ropas viejas a las que abrazó con todas sus fuerzas. Luego las cocinó y el amor por su familia convirtió las ropas en carne.

Claro que esto es apenas una leyenda. De allí viene que el amor debe ser el ingrediente más importante en cada comida. Sea para comer en casa o en u picnic con los amigos.

Las recetas

Variante 1: ropa vieja caliente

Ingredientes
  • - 100 cm3 de aceite
  • - 3 cebollas de verdeo
  • -2 cebollas
  • - 2 tomates perita
  • - 8 aceitunas verdes
  • - 3 aceitunas negras
  • - Lo carne que sobró del asado
  • -1 chorizo
  • - 1/2 ají morrón rojo
  • - 1/2 ají morrón verde
  • - 1/2 ají morrón amarillo
  • -Orégano
  • -Sal a gusto
  • -Pimienta blanca en granos
  • -Un paquete de fideos moñitos o coditos

Preparación

-Saltear las cebollas y la parte blanca del verdeo en el aceite y luego agregar la carne cortada en tiras finas.
-Poner una olla con agua al fuego para hervir los fideos.
-En la sartén donde salteamos las cebollas y la carne, agregar los tomates cortados en cubos chicos (si los querés pelados pasarlos por agua hirviendo).
-Sumarle las aceitunas cortadas.
Agregar la parte verde del verdo (para darle frescura), el chorizo cortado en fetas, los morrones cortados bien finitos (juliana si es posible) y mezclar con cuchara de madera por dos minutos.
-Agregar el orégano, la pimienta y la sal a gusto.
-Colar los fideos y agregarlos a la sartén.
Mezclar 2 minutos y servir con queso rallado.

Variante 2: ropa vieja fría

Con la carne que sobró podemos hacer una mega ensalada, completa y colorida.

La idea es hervir papas, zanahorias y huevos, agregarle arvejas o choclo y la carne del asado, del puchero o el pollo que tengamos de una comida anterior.

Es una versión más completa de la ensalada rusa o de la mayonesa de ave, con la diferencia en este último caso, que usamos pollo hecho para otra comida (al horno o asado), en lugar de hervirlo especialmente para este plato.

A los ingredientes que recién les contamos les pueden sumar cebolla fresca, tomate o lo que se le ocurra.

(Si el sabor de la cebolla cruda te parece fuerte, una vez cortada la podés pasar por agua caliente para hacerla más suave).

Un toque de perejil o de verdeo, pueden completar este plato y darle frescura, además de un lindo color verde.

Una buena opción para comer algo liviano, pero nutritivo. Fresco pero rico, aprovechando lo que quedó y convirtiendo lo viejo en nuevo, con el amor que nunca debe faltar en la cocina.
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