La chef Adriana Nielsen, directora de RawClub Organic Buenos Aires, explica por qué la alimentación viva, basada en ingredientes sin cocción o trabajados a baja temperatura, despierta cada vez más interés entre quienes buscan una relación más consciente con la comida.
Durante años, la alimentación raw, también llamada alimentación viva, fue vista como una curiosidad dentro del universo gastronómico. Asociada a comunidades alternativas o a dietas demasiado estrictas, parecía ocupar un lugar marginal en la mesa cotidiana. Sin embargo, en los últimos tiempos empezó a despertar un interés creciente entre personas que buscan mejorar su bienestar a través de lo que comen.
La idea central de esta forma de alimentarse es simple: consumir alimentos que no pasen por el fuego o que se trabajen a temperaturas muy bajas, de modo de preservar sus nutrientes, enzimas y lo que muchos practicantes describen como su energía vital. Cuando los ingredientes se someten a calor elevado, explican los especialistas, varias de esas propiedades pueden perderse.
En ese marco, la cocina raw desarrolla técnicas propias. Una de las más utilizadas es la deshidratación a baja temperatura, generalmente entre 40 y 50 grados, que permite transformar los alimentos sin alterar su esencia.

“En la práctica, esta alimentación se apoya en una despensa muy rica en ingredientes naturales. Jugos verdes con alto contenido de clorofila, brotes, semillas, algas, panes sin gluten y leches o quesos vegetales forman parte de su base cotidiana”, explica Adriana Nielsen, chef y directora de RawClub Organic Buenos Aires.
La imagen más extendida sobre este tipo de cocina suele ser la de platos simples o poco elaborados, limitados a ensaladas o alimentos crudos. Pero quienes la practican aseguran que esa percepción está lejos de la realidad.
En las últimas décadas, la gastronomía raw desarrolló un repertorio sorprendentemente creativo. En sus mesas pueden aparecer desde spaghetti de zucchini con salsa marinara hasta pizzas de vegetales, wraps de hojas verdes o postres como cheesecakes y chocolates preparados sin cocción.

Detrás de esos platos hay técnicas que buscan construir sabores y texturas complejas. Los germinados, fermentos y deshidratados funcionan como herramientas centrales de esta cocina. Lejos de representar una limitación, trabajar sin fuego abre, según sus impulsores, un campo amplio para experimentar con ingredientes naturales.
Para Nielsen, el interés creciente por la alimentación viva también refleja transformaciones más profundas en la manera de pensar la comida.
“Quienes se acercan a la cocina raw lo hacen por distintos motivos. Algunas personas buscan mejorar su salud o incorporar alimentos más naturales a su rutina. Otras llegan por curiosidad gastronómica y descubren una cocina distinta, llena de color y creatividad”, señala.
En muchos casos, la exploración gastronómica se combina con una búsqueda más amplia vinculada al bienestar y a hábitos de vida conscientes.
La alimentación viva en nuestro país
En Argentina, esta tendencia acompaña movimientos que se observan en distintas ciudades del mundo. La expansión de restaurantes plant-based, el crecimiento de dietéticas con productos naturales y el interés por prácticas asociadas al bienestar muestran que cada vez más personas prestan atención a la calidad de lo que consumen.
“Otro punto interesante es que la alimentación viva puede adaptarse a diferentes presupuestos. Como ocurre con cualquier tipo de cocina, el costo depende en gran parte de los ingredientes elegidos y de cómo se organiza la compra y la preparación de los alimentos”, agrega la chef.

Más allá de las modas, la alimentación raw se inserta en una conversación más amplia sobre salud, sostenibilidad y calidad de vida. Para muchos, no se trata únicamente de una dieta sino de una forma de relacionarse con la comida y con el propio cuerpo.
Tal vez por eso la llamada comida viva dejó de ser una rareza. Hoy aparece cada vez con más frecuencia como una alternativa que invita a repensar la cocina cotidiana y a explorar nuevas formas de sumar vitalidad, equilibrio y creatividad al plato.

