En San Pablo, uno de los rincones más fríos y elevados de Mendoza, Gustavo Bertagna apostó por un proyecto propio: vinos de familia, de terruño, de altura. Un recorrido por la historia y la propuesta de Gustavo Bertagna Wines.
Hay algo de terquedad amorosa en lo que hace Gustavo Bertagna. A fines de 2022, después de quince años construyendo la reputación de otras bodegas, la última, la de Susana Balbo, donde llegó a ser primer enólogo, tomó la decisión que muchos en la industria sueñan y pocos concretan: salir a trabajar por su cuenta.
Sin respaldo de un grupo inversor, sin escala industrial. Solo cuatro etiquetas, un terruño elegido a dedo y una filosofía que casi suena a manifiesto: lujo austero.
“No se trata solo de crear vinos de alta gama. Este es un proyecto familiar en el que tratamos de mostrar algo que está hecho con mucho amor, que es simple y, a la vez, es único”.
Gustavo Bertagna, enólogo

Gustavo Bertagna.
El lugar donde eligió hacer todo eso se llama San Pablo, en el Valle de Uco. Está entre los 1.300 y los 1.700 metros sobre el nivel del mar, tiene suelos aluvionales y calcáreos, amplitud térmica feroz y el agua de deshielo de la Cordillera corriendo por sus acequias.
No es un lugar que perdone improvisaciones. Tampoco las necesita: en San Pablo, la naturaleza ya hace la mayor parte del trabajo.
El terruño del vino
Bertagna no llegó a San Pablo por descarte. Llegó buscando algo muy específico: el lugar donde el Pinot Noir, esa variedad caprichosa, difícil de domar fuera de Borgoña, pudiera expresarse sin máscaras. Y lo encontró ahí, en esa franja alta y fría del Valle de Uco donde las noches bajan drásticamente de temperatura y la maduración de la uva se vuelve un proceso lento, casi obstinado.
“Las características son óptimas para una variedad como el Pinot Noir, que tiene un ciclo de maduración corta”, explica y agrega que “al estar en un lugar tan frío y tan alto, la maduración es lenta, paulatina. No se queman los aromas”.
El resultado, según él, son vinos tensos, con acidez natural, donde la variedad se expresa en sus mejores versiones: aromas delicados, texturas precisas, una estructura que no necesita ser forzada.
Lo mismo sucede con el Chardonnay, la otra variedad de la casa. Ambas son típicas de la Borgoña francesa. En San Pablo, dice Bertagna, tienen “una particularidad que no se obtiene en otro lado.”
Los vinos
El portfolio de Gustavo Bertagna Wines se organiza en dos líneas que parten de premisas distintas. Interpretación es el vino que traduce el terruño: una lectura personal, equilibrada, donde el enólogo interviene con criterio para capturar la esencia de San Pablo. Estado Puro, en cambio, es una apuesta por la mínima intervención: dejar que la fruta y el lugar hablen solos.

Línea Interpretación
- Interpretación Chardonnay
Despalillado y prensado a baja presión. Fermenta en barricas de 500 litros y descansa sobre sus lías durante 24 meses, tiempo que le aporta cremosidad, textura y una acidez que equilibra el peso en boca con la frescura característica de la altitud.
- Interpretación Pinot Noir
Fermenta en piletas de concreto con un 8% de racimos enteros —un detalle que aporta estructura sin abrumar— y termina su fermentación en barrica. La crianza se hace en roble francés de 500 litros, de tercer y cuarto uso: madera que ya no impone, solo acompaña.
Línea Estado Puro
- Estado Puro-Mezcla de Blancas
82% Chardonnay y 18% Sauvignon Blanc. Un vino que prioriza la fruta y la frescura, con una textura que se construye en el tiempo: 12 meses de contacto con sus borras le dan cuerpo sin quitarle ligereza.
- Estado Puro-Pinot Noir
La versión más desnuda del varietal. Maceración en frío por 48 horas, fermentación en acero inoxidable durante apenas 6 días, extracciones suaves con pisones. Nada que no sea estrictamente necesario.
La familia
Bertagna creció entre viñedos. Sus abuelos tenían bodega, su padre es enólogo. Estudió en la Facultad Don Bosco y luego hizo un posgrado en la Universidad Juan Agustín Maza.
Antes de volver a Mendoza, pasó tres años trabajando en Europa, dos en Alemania y uno en Francia, aprendiendo a mirar el vino desde otro ángulo. A su regreso, en 2007, entró a Susana Balbo y fue escalando hasta convertirse en el primer enólogo de la bodega.

“Hacer vinos es mi manera de contar una historia: se revela la madurez pausada de las uvas, cultivadas en un entorno natural excepcional donde el frío y los suelos calcáreos permiten una evolución lenta y precisa”.
Hoy, ese recorrido se condensa en un proyecto que lleva su nombre y que es, ante todo, una empresa familiar. Gustavo Bertagna Wines son Gustavo, su esposa Elisa y sus hijos. Juan Cruz y Benicio crecen ahora entre los mismos tanques y barricas en los que creció su padre. La tercera generación ya está en marcha.
En San Pablo, a más de mil metros de altura, con la Cordillera como horizonte permanente y el viento bajando desde los glaciares, Gustavo Bertagna hace cuatro vinos por año.
Cuatro formas de decir lo mismo: que el lugar importa, que el tiempo importa, que la familia importa. El resto, dice, es enología.

